Una habitación. Cuatro mesas. Tres personas. Ocho horas al día. Y no hay NADA que hacer.
Nos cansamos de mirar el teléfono esperando a que suene. Nos cansamos de dar vueltas y vueltas por internet. Nos cansamos de tomar cafés en el bar de al lado. Nos cansamos de rayarnos los unos a los otros.
Pero aquí tenemos que estar. Por mucho que la desesperación se apodere de nosotros. Por mucho que el aburrimiento nos coma por los pies…
Y dando gracias de que podemos cansarnos de todo esto ya que la jefa está de vacaciones.