El algún punto que desconozco el tiempo debió pararse. Desde ese instante todo cambió, su vida empezó a regirla el desfase.
Su rutinaria vida de entre semana se veía llena de ansiedad mientras esperaba el añorado fin de semana. Ese par de días en los que conseguía evadirse de toda la mugre que la rodeaba y de los que rara vez conseguía recordar algo.
A veces aparecían en su mente con la velocidad de una ráfaga de aire que te azota por segundos imágenes de rollos con tipos raros, momentos agónicos, eufóricos, movidas chungas con la gente de siempre y desconocidos, muchos desconocidos. Malditas ráfagas pensaba. Malditas por las veces que traían algún ápice de remordimientos. Aunque por suerte eran las menos. El mundo la había rodeado de tanta miseria que pagarle con la misma moneda era una lección que ojala hubiese aprendido muchísimo tiempo atrás. Pero no. Era ahora. Y ahora no era tarde, aun quedaba mucho camino por delante y ella cada vez aprendía más rápido.
