“(…) La novela describe un mundo en el que finalmente se han cumplido los peores vaticinios: triunfan los dioses del consumo y la comodidad, y el orbe se organiza en diez zonas en apariencia seguras y estables. Sin embargo, este mundo ha sacrificado valores humanos esenciales, y sus habitantes son procreados in Vitro a imagen y semejanza de una cadena de montaje…”
Lo avisé. Avisé que volvería y que recomendaría el libro. Y así es.
Aunque no me guste en lo que acaba convirtiéndose la humanidad, es curioso comprobar cómo podrían ser las cosas si todo fuese diferente y comprobar también, que por mucho esfuerzo nada puede llegar nunca a ser perfecto.
“La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Estar satisfecho de todo no posee el encanto que supone mantener una lucha justa contra la infelicidad, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasión fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza.“




